Ana * tiene 16 años y una sonrisa tímida que se ilumina cuando habla de sus sueños. Le gusta salir con sus amigos, jugar fútbol y convivir con sus compañeros de la escuela. Sueña con terminar sus estudios y convertirse en maestra de educación infantil. “Quiero enseñar a los niños, que aprendan y se sientan felices en la escuela”, dice con ilusión.
Es la más pequeña de seis hermanos y vive junto a su madre y su padre en una comunidad del departamento de Huehuetenango. Como muchas familias guatemaltecas, la situación económica ha sido difícil. Por eso, Ana y su papá decidieron migrar. Su esperanza era encontrar oportunidades para apoyar a su madre y continuar los estudios que tanto anhelaba.
“El trayecto fue una experiencia horrible”, recuerda Ana. “Sentí mucho miedo en el camino. No es nada fácil, uno aguanta frío, hambre y sed. Tuvimos que dormir en el suelo, sin cobijas para taparnos”.
Ana
Al llegar a la frontera de Estados Unidos fueron detenidos. “Nos sacaron del cuarto donde estábamos encerrados y nos subieron a un bus. A mi papá le pusieron cadenas en las manos y en los pies, igual que a otras mujeres adultas”, cuenta. “Nos subieron a un avión a las tres de la mañana. No sabíamos a dónde ibamos”.
Durante el vuelo, Ana miró por la ventana y preguntó a su padre: “¿Papá, será que en Estados Unidos las casas tienen tejas?”. Él le respondió que seguramente había edificios. Poco después, una persona vio por la ventanilla una bandera de Guatemala. “Ahí todos empezaron a llorar. Nos dimos cuenta de que nos habían regresado. Muchas mujeres decían: ‘Hipotequé mi casa, pedí dinero prestado, ya no tengo nada’”, recuerda con tristeza.

UNICEF/UNI872649/Echeverría
Volver a Guatemala no fue fácil. Las familias retornadas enfrentan con frecuencia el rechazo, el estigma y la incertidumbre. “A veces es difícil continuar con mis estudios porque mis papás no tienen dinero para el pasaje o los materiales de la escuela”, cuenta Ana.
Para acompañar a adolescentes como ella, UNICEF, con el apoyo financiero del Gobierno de Japón y socios locales, brindan atención psicosocial a niñas, niños y familias deportadas, ayudándoles a reconstruir su vida y reintegrarse en sus comunidades de origen.
En los departamentos de Huehuetenango, San Marcos, Quiché y Quetzaltenango, UNICEF ha desplegado equipos integrados por psicólogos, trabajadores sociales y educadores, que ofrecen acompañamiento emocional y elaboran planes individualizados para cada niña o niño. Además, dan seguimiento en áreas remotas, ofrecen atención en idiomas mayas y culturalmente pertinentes a familias que se identifican como parte de los pueblos originarios.
Historia completa, versión original UNICEF